23 ago. 2015

La Última Emperatriz (2) - Anchee Min



2007, segunda parte de la novela que narra el período de actividad de la Emperatriz Tzu Hsi en la Ciudad Prohibida; la saga continúa desde el momento en que la Dama Yehonala y su homóloga la Eperatriz Nuharoo asumen el poder del imperio, hasta su muerte a la edad de 72 años.

Esta segunda parte describe los hechos más trágicos y políticos de la historia, Orquídea debe sobrellevar las muertes de sus seres más allegados y seguir rigiendo con la astucia y la pericia de un malabarista para que el imperio no se venga abajo.

Las decepciones que le produce el comportamiento desacertado de su hijo, el total desinterés que este manifiesta por el pueblo chino y sus conflictos políticos, y para colmar la situación; el desamor hacia su madre, representan los sufrimientos más lacerantes en la vida de Orquídea; ni qué decir tiene que la Emperatriz a su vez debió renunciar al amor de su vida.

Mi puntuación:


Esta segunda parte arranca con un infortunio devastador para la protagonista y que gracias a ello se mantiene cautiva la atención del lector por un tiempo. A esto se añade las complicada relación que Orquídea tiene con su hijo, y la crianza compartida con Nuharoo le ocasionan todo tipo de dificultades que se verán reflejadas en las capítulos subsiguientes, lo que en conjunto constituye sólo el preludio de la tragedia.

En esta parte del libro se muestra en toda su extensión las fallas caóticas que trae la sucesión de un trono que se otorga a un nuevo gobernador nombrado por herencia y no por méritos. Y aunque esta condición ha sido ya superada en muchas sociedades del mundo, sigue imperando aún en muchos círculos sociales con resultados similares. Pues bien, el desastre no se hace esperar y a partir de aquí se desata una serie de eventos catastróficos producto de la inexperiencia y la falta de educación adecuada, habilidad política y sobre todo patriotismo por su tierra; pues para gobernar una nación es menester cumplir con unos estándares mínimos.

La traición constituye uno de los elementos más punzantes de esta segunda parte (como si no hubiéramos tenido suficiente con el primer libro), la confianza que la emperatriz pone en varios de los personajes que la rodean sólo le traen decepción y profunda tristeza. Sumida en un pozo de soledad y resentimiento apenas acierta a dar sepultura a sus seres queridos, cuyas causas de muerte en ocasiones no consigue descifrar. A este punto cabe entender la desazón y los sentimientos encontrados de los que cae presa nuestra heroína. La impunidad y el desparpajo con que algunos personajes se salen con la suya es francamente un hecho insufrible, especialmente si consideramos que este relato se entiende como una recopilación de eventos históricos.


Valga mencionar que todas estas muertes y disturbios políticos en la China del siglo XX fueron atribuidos a la supuesta maldad e incapacidad de gobernar de la Emperatriz Viuda Tzu-Hsi, mientras ella luchaba por defender el imperio de su más acérrimo enemigo en la corte. De ahí que este libro busca reivindicar su imagen y mostrar a la emperatriz como un ser más sensible y humano. Cuesta determinar a esta altura cuál era la verdadera personalidad de Tzu-Hsi y sus intenciones, pero es sin duda comprensible que una persona sometida a la traición, el regimiento de una corte, los disturbios e invasiones a su territorio; tome decisiones que ciertamente no van a complacer a los intereses de todos.

Sin razones para seguir viviendo la Dama Yehonala se empeña en prolongar la existencia de un sistema de gobierno a pesar de que llevaba generaciones precipitándose en picada a un fin tan nefasto como inevitable. Según como se mire, es quizá sea de admirar como una persona después de haberlo perdido todo cuente aún con la fortaleza y el talante para defender un poder que ya estaba desahuciado.

Como suele suceder en muchas biografías, esta segunda parte muestra la tragedia, las pérdidas, el costo de los errores y la caída del imperio; atrás quedaron el romance, las festividades, la ópera y el teatro. Disfruté La Ciudad Prohibida más que la segunda parte, esto debido tal vez a que los argumentos y enfrentamientos políticos se sucedieron a lo largo y ancho de esta segunda parte de la historia con más asiduidad que en la primera; la tensión sin tregua en esta secuencia llega al exceso. Los conflictos administrativos ocuparon más de la mitad de la obra convirtiendo la narración en un libro histórico esencialmente; y no es que no encuentre interesantes los hechos históricos sino que tratándose de la biografía de la Emperatriz y no del imperio como tal esperaba obtener más datos personales de su vida como ocurrió en el primer libro de la saga.

Para terminar, recomiendo que una vez leída esta segunda parte, el lector vea la película El Último Emperador que viene a ser una continuación de los hechos subsecuentes que muestran la caída estrepitosa y definitiva que sufrió el imperio durante el período del sucesor de Guang-hsu.

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