11 sept. 2015

El Amor, la Mujeres y la Muerte - Arturo Schopenhauer


1819, este fascículo contiene una recopilación de argumentos y consideraciones que hace el filósofo Arturo Schopenhauer con respecto al amor, las mujeres, la muerte y otras materias como el arte y la moral.

El autor se introduce en estos  temas analizando los factores que inciden sobre ellos para llegar a su propia conclusión; así por ejemplo, argumenta que la atracción (o el amor) que surge entre dos personas no es más que la influencia ejercida por la naturaleza sobre ambos con el objeto único de perpetuar la especie.

Desde su visión, las mujeres son criaturas de escaso entendimiento y poco talento. Objetos bonitos y útiles que sirven para ejecutar las tareas domésticas y coexistir dentro de un rebaño en compañía de semejantes bajo el régimen de un hombre.


Y la muerte, es aquella que todo lo trunca sin considerar por un instante cuan sublime sea la tarea a la que nos hayamos entregado con tanta pasión.
Mi Puntuación:
El Amor

Según Schopenhauer, el amor, tal como nosotros lo concebimos, no existe; la idea romántica que inspira a los soñadores, adolescentes y artistas es una ficción creada por nuestra imaginación. La realidad es mucho más práctica y terrenal; el genio de la especie lucha por preservar la raza humana haciéndole creer al individuo que está enamorado. Este ser no actúa en pro de sus intereses como él cree, sino que su comportamiento estriba sólo en el instinto; y estando sumido en su ensoñación no acierta a distinguirlo. En consecuencia el hombre constituye el instrumento del que la Naturaleza se vale para cumplir con su cometido.

La atracción sexual, por lo tanto, no es más que el dominio que la naturaleza obra sobre sus individuos para someterlos a la reproducción. Las expresiones de belleza que creemos ver en el otro obedecen a un instinto mucho más elemental, constituyen el modo inconsciente que tenemos de medir la capacidad de la contraparte al momento de juzgar su aporte en la producción de ejemplares libres de defectos. Y prueba de que la emoción que clamamos sentir no es tal se puede observar cuando inmediatamente después de alcanzado el clímax éste queda eclipsado por el desencanto.

Si bien no estoy de acuerdo en un ciento por ciento con las declaraciones del autor, creo que sí lleva razón en algunas de sus afirmaciones. En términos generales el ser humano busca reproducirse, en especial las mujeres; sólo una minoría de la población considera que una relación de pareja puede igualmente ser completa sin la intervención de hijos; en otros casos, es la presencia de los hijos, precisamente, lo que deteriora la relación de sus padres. Es frecuente escuchar expresiones como: “Los hijos son la base del matrimonio” o “Una mujer es realmente completa cuando se convierte en madre”, como si la felicidad y la realización de un ser humano fuera directamente proporcional a su capacidad biológica para procrear. En lo personal considero que la vida en pareja y la paternidad/maternidad son dos estados individuales que no tienen que estar relacionados necesariamente; así como una pareja puede ser feliz sin hijos, una persona puede igualmente sentirse plena con sus hijos sin que le asista un acompañante; en este último caso tenemos a las madres solteras (no que todas ellas tengan una vida feliz, desde luego).

Las Mujeres

Aunque pudiera darle, en parte, la razón al escritor en cuanto a su visión sobre el amor, tengo mis serias dudas sobre su percepción de las mujeres, un veredicto que, dicho sea, raya con la misoginia. Veamos: en primera instancia debemos considerar la época en que se desenvolvió Schopenhauer para comprender un poco su perspectiva, (debo admitir que me cuesta un tanto). Entender el insustancial papel que jugaban las mujeres en el siglo XVIII ayudaría a esclarecer el escaso concepto que el filósofo tenía sobre ellas. Según él la mujer nació exclusivamente para dar su aporte en la procreación de los hijos, por tal motivo, ellas, criaturas elementales, estaban más dominadas por el genio de las especie que los hombres. A la mujer se le sustrae totalmente la capacidad de debatir sobre lo divino y lo humano, quedándole como única opción la de imitar a los hombres con el fin de agradar y ser aceptadas en sociedad; de manera que, para mantenerlas reducidas a su más mínima expresión no se les debe permitir leer más que textos culinarios.

Según los registros, de acuerdo con Schopenhauer, las mujeres no han producido en toda la historia ningún tipo de expresión artística, y si se ha reportado algún caso aislado, esto sólo representaría la excepción que confirma la regla.

Por mi parte, me llama profundamente la atención, que Schopenhauer, teniendo una opinión tan pobre sobre las mujeres, se haya tomado la molestia en dedicarles un capítulo completo. De hecho creo que la percepción del filósofo se debe a que el insulso desempeño de la mujer en esa época se explica fácilmente apuntando al triste hecho de que a la mujer se le castraba mentalmente, desde su nacimiento, de todas sus capacidades para desarrollarse como un ser humano completo. Históricamente, a la mujer se le ha sumido en un estado de estupor permanente para que no piense por sí sola, y mucho menos para que conciba un concepto de creatividad que pueda aportar algo extraordinario al mundo. Esta condición de irrelevancia es susceptible de acontecerle a cualquier sujeto que se haya encontrado sometido a una crianza semejante, pues este estado no reside directamente en el género. 

Lamentablemente, pese a la gran evolución que la mujer ha tenido a través de los años, siguen quedando rezagos de la antigua guardia. Hoy aún seguimos encontrando seres, entre la concurrencia femenina especialmente, que enfocan todos sus esfuerzos en procurarse una presencia física agradable, descuidando otros aspectos. En muchos casos predomina la tendencia a hacerse con la compra de un secador de pelo en lugar de un libro, por ejemplo; obteniendo como resultado, una apariencia espléndida pero un intelecto que da grima. 

La Muerte

La muerte convierte cualquier esfuerzo en un acto vano, pues nada se escapa de ella. La vida nos obliga participar en una batalla de trabajo arduo, doloroso y debilitante para que luego sobrevenga la muerte y el ciclo se repita de manera viciosa. Dios no existe y prueba de ello es la miseria imperante en este mundo que dista años luz de esa imagen de perfección que profesan los religiosos. La felicidad y el bienestar están siempre distantes, bien en el pasado o bien en el futuro, pero el presente es justamente del que el hombre desea escapar.
Supongo que esta es una visión harto pesimista de la vida, pero acertada desde su ángulo. Si nos ponemos a pensar que todo terminará con la muerte, muchas de nuestras tareas y proyectos en la vida perderían sentido, pues no todas las personas se sienten atraídas por la idea de dejar un legado a la humanidad. 

Sólo nos hacemos conscientes de los momentos felices una vez han pasado, en consecuencia su remembranza sólo nos genera tristeza, ¿por qué un dios crearía un mundo lleno de miseria cuando la nada sería más apetecible?, ¿acaso no le remuerde la conciencia? El hombre está condenado a debatirse en un permanente estado de deseo de conseguir algo, un anhelo que nunca sacia y que convierte su existencia en una pobre expresión de sufrimiento.
Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo y después morir…”.

La Moral


Schopenhauer afirma que la moral no existe para los religiosos, ya que la bondad que éstos obran es diametralmente opuesta al temor que experimentan por un castigo divino, es decir, ellos no obran movidos por fines filantrópicos sino que son arrastrados por intereses más egoístas, el de ocupar un lugar al lado de Dios, por decir algo. Esto me lleva a pensar que lo más importante en los seres humanos nos son sus virtudes sino sus defectos precisamente, pues ¿quién objetaría las bondades de un ser humano? Son sus defectos, justamente, los que definirán nuestro parecer sobre ellos y dependiendo del resultado decidiríamos permanecer en su compañía o huir de ellos.


Las religiones desempeñan un papel útil en la sociedad hasta cierto punto, pues muchos necesitan de un líder que les diga en qué deben creer, pero cuando éstas se convierten en una venda que no permite ver la verdad es menester apartarse ellas. En mi opinión, las religiones pueden llegar a convertirse en influencias del todo nocivas; actúan como el político corrupto, que una vez roba al pueblo, reparte almuerzos de manera gratuita.


Muchas gentes vituperan y critican el orgullo, sin duda no tienen en sí nada que pueda enorgullecerles.” Esta afirmación me hace acordar de las personas que despotrican del dinero, seguramente se trata de sujetos con serios problemas financieros; un sujeto millonario jamás condena al dinero.




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