5 dic. 2015

La Máscara - Dean Koontz



Publicada en 1981 y traducida en el 2000. Una adolescente amnésica cruza la calle sin percatarse de que se aproximaba un vehículo. Carol, quien conducía el Pontiac rojo, se encontraba en medio de un proceso de adopción de un bebé, pero ahora a causa del accidente deberá entregarse a la tarea de indagar en la memoria de Jane y descubrir su identidad.

En su condición de psicóloga, Carol consigue realizar varias regresiones a Jane, y mientras descifra su procedencia es atacada por un ente maligno que se manifiesta como golpes de hacha en sus pesadillas.

Mi puntuación:



El libro comienza con una escena impactante acerca de una muchacha que queda atrapada en un sótano cuando de repente la casa arde en llamas. Ella en su obsesión de apartarse de las arañas que habitan el lugar falla en su intento de escapar del siniestro, muriendo en el acto mientras culpaba a su madre, con un rencor profundo, por haberla enviado allí a realizar una limpieza conociendo la aversión intensa que Laura sentía por las arañas.

Este prólogo, directo y sin adornos, basta para capturar la atención del lector en el primer round. Aquí no hay introducciones preliminares que preparen al lector para el entramado que se avecina, aquí entramos de lleno y sin miramientos a la acción, y sin consideraciones por parte del escritor. Este libro convence desde la primera página y así continúa hasta el final. Sin duda se ha convertido en una de mis mejores lecturas.

Esta es una historia de terror y de fantasmas con regresiones al pasado. La narración introduce tres sucesos independientes que no parecen estar relacionados entre sí, dejando cada uno de ellos inconclusos en el punto más álgido. Más adelante se nos revela el punto de unión que hay entre ellos y cómo el escritor intercala las historias yendo de una a otra dejándonos siempre en vilo. En ocasiones es difícil determinar cuál es más interesante, pues el autor tiene la habilidad de introducir al lector en un relato y hacerle desear saber más sobre él para luego sacarlo de allí de manera abrupta y sumergirlo en otro igualmente atrayente haciéndole vacilar entre querer quedarse en el primero y desenmarañar el embrollo o descubrir los secretos que acechan en el segundo. Y así continúa la correría hasta dejar al lector sin resuello.

Este es un libro que se puede leer de un solo tirón porque nunca aburre, nunca pierde la cadencia y el ritmo, su argumento es inquietante y siempre querrás saber qué sigue. Eso sí, recomiendo leerlo a mediodía sentado en la banca de un parque (yo lo hice durante las noches en la oscuridad de mi habitación...).

En mi opinión, el libro guarda perfecto equilibrio en muchos aspectos. Tiene la dosis adecuada de suspenso, los eventos se desarrollan con agilidad, sin demoras ni dilataciones innecesarias, y salta de un evento crucial a otro manteniendo el interés del lector a lo largo de toda la obra. No obstante, desde mi percepción tiene un defecto que me previno de concederle las cinco estrellas que estaba segura iba a otorgarle desde el principio de la lectura. Siendo una excelente obra literaria ésta flaquea justo en el desenlace final de la narración. A mi parecer la escena final queda inconclusa, es decir, el lector debe dar por hecho que la historia se resuelve de la forma como se esperaba, pero en realidad no hay una confirmación por parte del autor de que así haya sido. Creo que el hábito de interrumpir los pasajes en el momento crítico lo aplicó de igual forma en la escena final, dejando al lector a merced de sus propias conclusiones. En lo personal, soy así de dependiente, y espero que el escritor me narre hasta el último detalle y que nada quede a mi imaginación, porque podemos inventar muchas alternativas, y mi papel aquí no es el de proponer finales sino el de descubrirlos.

Sin duda seguiré leyendo este escritor; de momento he conseguido Odd Thomas, Intensidad y Susurros, a ver cómo nos va con la siguiente lectura.





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